EXCRITURA DE ALVARO DE CAMPOS
Nunca hice de mí lo único que podía hacer: nada.
Algunos centenares de versos,
felices, infelices...inútiles.
Acá, sobre esta mesa,
junto a la compañía del cigarro.
Me puse una máscara sin piolines,
cualquiera, y me aleja de la vida.
Igual todo se termina, ¿no?,
también mi única ventana,
la calle que empuja a los otros,
la resignación de esta tarde,
mis patéticas ilusiones,
el solo de estar solo,
acá, indiscreto entre los objetos.
Mi conciencia no miente,
así que me levanto
y el cristal me diluye en el alrededor,
o me encierro otra vez
y ni siquiera sé dónde estoy.
Pero el dueño del kiosco se asoma a la puerta,
me saluda con la mano abierta,
fuma, tan tranquilo,
quizás los dos somos el mismo humo,
entonces escribo una palabra
y el universo se reconstruye con su triste esperanza.
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