XIII
Aquella vida de las plantas
en el jardín;
misterioso es el recuerdo.
El sueño de la enredadera
-también los míos-,
todavía confunde mis noches.
La plegaria de un gorrión;
una hendija
ante la reja de los caminos.
Azar o fatalidad o consuelo,
los días
que regresan son los adioses.
Tan real es esta penumbra,
su aroma,
y la brisa suave en la mirada.
Más altas que todo el cielo
las palmeras,
el ahora y el siempre, su sombra.
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