EXCRITURA DE IDEA VILARIÑO Y ONETTI
Solo hasta esperar que caigan,
ya gastados;
o al fin se borren:
cada día,
cada minuto,
esos poquitos segundos.
Siempre acá;
echado,
perdido,
dormido o despierto
y esperar...
en esta cama tan lejana sin vos.
viernes, 31 de agosto de 2018
miércoles, 29 de agosto de 2018
EXCRITURA DE CHARLY
Ni siquiera un poquito así;
entre el living
y la cama, nadie.
El bajo mudo,
la viola rota.
Ciegas las persianas,
las botellas.
Tampoco silencio,
rincones.
Recién vomité caviar
a mi yo sin espejo.
Doy vueltas,
me pierdo;
siempre las paredes,
la nada...
¿Dónde está el balcón?,
necesito saltar hasta el amor.
Ni siquiera un poquito así;
entre el living
y la cama, nadie.
El bajo mudo,
la viola rota.
Ciegas las persianas,
las botellas.
Tampoco silencio,
rincones.
Recién vomité caviar
a mi yo sin espejo.
Doy vueltas,
me pierdo;
siempre las paredes,
la nada...
¿Dónde está el balcón?,
necesito saltar hasta el amor.
martes, 28 de agosto de 2018
EXCRITURA DE MARINA COLASANTI
Junto a mí siempre duerme la luna,
esa trenza en la ventana.
La noche, alrededor,
no se suficiente para ella,
tampoco acepta a mis caricias.
Yo invoco su viejo misterio
y le ofrezco mi desnudez.
A veces murmuro una canción
y es inútil, está sorda.
Solo cada amanecer,
cuando ya aparece el sol,
ella se refugia, tan temerosa, en mi piel.
Junto a mí siempre duerme la luna,
esa trenza en la ventana.
La noche, alrededor,
no se suficiente para ella,
tampoco acepta a mis caricias.
Yo invoco su viejo misterio
y le ofrezco mi desnudez.
A veces murmuro una canción
y es inútil, está sorda.
Solo cada amanecer,
cuando ya aparece el sol,
ella se refugia, tan temerosa, en mi piel.
miércoles, 15 de agosto de 2018
LA CABEZA DEL PUBLICISTA
Todo anduvo bien hasta que tuvo que convivir con su cabeza.
Por algún motivo, una mañana cualquiera el genial y millonario publicista Esteban Martínez despertó sin sus manos. Él recién lo advirtió al intentar lavarse los dientes. El médico -una eminencia- que lo examinó, al margen de la sorpresa, le señaló que estaba en perfectas condiciones; salvo, claro, ese pequeño detalle. Por otra parte, a pesar de algunas dificultades, el publicista se sentía bien, casi más creativo; ni siquiera necesitaba tomar un remedio. A los pocos días, lo mismo ocurrió con sus piernas. Su mujer creía que era consecuencia de alguna distracción en los sueños; el médico descartó esa posibilidad y concluyó después de un minucioso examen que el estado del paciente era perfecto, casi ideal. Aunque necesitaba la ayuda de algunos artefactos, en nada se alteró su tarea: sus proyectos eran cada vez más exitosos. Claro que inevitablemente iba a pasar, llegó el día en que se levantó solo con su cabeza. Pero entonces todo cambió, ¿para qué consultar al médico? El publicista pensaba, no podía dejar de pensar y sufría un dolor desconocido, la amenaza de cada palabra. Por supuesto, no tuvo otra alternativa que renunciar a su trabajo.
Para colmo, ahora, los sueños de su cabeza solo eran pesadillas.
Todo anduvo bien hasta que tuvo que convivir con su cabeza.
Por algún motivo, una mañana cualquiera el genial y millonario publicista Esteban Martínez despertó sin sus manos. Él recién lo advirtió al intentar lavarse los dientes. El médico -una eminencia- que lo examinó, al margen de la sorpresa, le señaló que estaba en perfectas condiciones; salvo, claro, ese pequeño detalle. Por otra parte, a pesar de algunas dificultades, el publicista se sentía bien, casi más creativo; ni siquiera necesitaba tomar un remedio. A los pocos días, lo mismo ocurrió con sus piernas. Su mujer creía que era consecuencia de alguna distracción en los sueños; el médico descartó esa posibilidad y concluyó después de un minucioso examen que el estado del paciente era perfecto, casi ideal. Aunque necesitaba la ayuda de algunos artefactos, en nada se alteró su tarea: sus proyectos eran cada vez más exitosos. Claro que inevitablemente iba a pasar, llegó el día en que se levantó solo con su cabeza. Pero entonces todo cambió, ¿para qué consultar al médico? El publicista pensaba, no podía dejar de pensar y sufría un dolor desconocido, la amenaza de cada palabra. Por supuesto, no tuvo otra alternativa que renunciar a su trabajo.
Para colmo, ahora, los sueños de su cabeza solo eran pesadillas.
martes, 14 de agosto de 2018
lunes, 13 de agosto de 2018
ESPEJO DE LA NOCHE
Siempre había sido en la noche, cerca de las doce, al borde del otro día; no se trataba de una cábala o una manera extraña de conexión; apenas una larga coincidencia en el curso de años y años. Además, en estos días, cada vez más solo, era su único consuelo para no dormir y soñar. Igual, lo más importante, ya estaba todo listo; así que otra vez puso el compacto y fue a sentarse junto a la mesita del living: en el espejo la línea blanca era casi perfecta. Pero al acercarse, el billete en su mano derecha, vio la forma de otro rostro, ése, lejano, tan propio como ajeno. Claro que no debía ser real, seguro que era un nuevo delirio. Sin embargo le resultaba imposible controlar el temblor de todo su cuerpo, esa sensación que anuncia el llanto; entonces se apartó de golpe y sacudió varias veces la cabeza, creyó que necesitaba más volumen: a los les gustaba Led Zeppelin II. Fui inútil...o peor. La habitación deba vueltas alrededor del tiempo hasta descubrir el vórtice que era el pasado. Por suerte, sus ojos ciegos lograron el balcón, su puerta abierta, la otra línea negra y paralela: su verdadero rostro.
Siempre había sido en la noche, cerca de las doce, al borde del otro día; no se trataba de una cábala o una manera extraña de conexión; apenas una larga coincidencia en el curso de años y años. Además, en estos días, cada vez más solo, era su único consuelo para no dormir y soñar. Igual, lo más importante, ya estaba todo listo; así que otra vez puso el compacto y fue a sentarse junto a la mesita del living: en el espejo la línea blanca era casi perfecta. Pero al acercarse, el billete en su mano derecha, vio la forma de otro rostro, ése, lejano, tan propio como ajeno. Claro que no debía ser real, seguro que era un nuevo delirio. Sin embargo le resultaba imposible controlar el temblor de todo su cuerpo, esa sensación que anuncia el llanto; entonces se apartó de golpe y sacudió varias veces la cabeza, creyó que necesitaba más volumen: a los les gustaba Led Zeppelin II. Fui inútil...o peor. La habitación deba vueltas alrededor del tiempo hasta descubrir el vórtice que era el pasado. Por suerte, sus ojos ciegos lograron el balcón, su puerta abierta, la otra línea negra y paralela: su verdadero rostro.
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