21
Solo ante el baldío,
de pie,
para deletrear el cielo
miércoles, 31 de mayo de 2017
20
Bajo el hombre triste, más adentro,
tan lentamente,
el consuelo del poema;
Un sollozo de agua
al revés del cielo,
Solo el niño escucha la orilla,
a punto de miedo,
el otro reflejar.en el reflejo.
Justo el crepúsculo
entre las piedras mudas..
Aun más triste, el hombre,
caído en una coma,
ya olvida la lengua libre de los juncos.
Bajo el hombre triste, más adentro,
tan lentamente,
el consuelo del poema;
Un sollozo de agua
al revés del cielo,
Solo el niño escucha la orilla,
a punto de miedo,
el otro reflejar.en el reflejo.
Justo el crepúsculo
entre las piedras mudas..
Aun más triste, el hombre,
caído en una coma,
ya olvida la lengua libre de los juncos.
19
Acá, y siempre perdida en mi memoria,
la caricia de la lámpara, llama viva;
apenas unas pocas sílabas
juntan la eternidad de los deseos.
¿Para qué encender la luz
si el llamado viene de la casa?
Ese aroma que mira al crepúsculo
ya imaginado en su ventana,
sin el reflejo de esta nieve, un rezo,
el poema comenzado en otro hemisferio.
Acá, y siempre perdida en mi memoria,
la caricia de la lámpara, llama viva;
apenas unas pocas sílabas
juntan la eternidad de los deseos.
¿Para qué encender la luz
si el llamado viene de la casa?
Ese aroma que mira al crepúsculo
ya imaginado en su ventana,
sin el reflejo de esta nieve, un rezo,
el poema comenzado en otro hemisferio.
17
La verdad apenas hechas de esas imágenes,
como vereda que da al poniente;
desde temprano, siempre, la esperamos
y ahora es de noche
y ni siquiera llegamos a sus pies.
El santo de nuestros sueños
ya se despierta y reza
en un cuerpo fatigado de servir a Dios;
su búsqueda desesperada
hasta en el alto ciprés del campo.
La verdad solo para mirarse a sí misma, ciega.
La verdad apenas hechas de esas imágenes,
como vereda que da al poniente;
desde temprano, siempre, la esperamos
y ahora es de noche
y ni siquiera llegamos a sus pies.
El santo de nuestros sueños
ya se despierta y reza
en un cuerpo fatigado de servir a Dios;
su búsqueda desesperada
hasta en el alto ciprés del campo.
La verdad solo para mirarse a sí misma, ciega.
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