EXCRITURA AUTOBIOGRÁFICA V
Cada vez que me llegaba la pelota,
yo era mi papá.
Tan feliz, me veía en sus ojos
y a veces una gambeta, un gol.
Todo era él, para él:
la camiseta de Boca, los botines, el sol.
Y cuando me tocaba ganar,
ahí, sentados, me compraba una coca
y me comparaba con Rojitas.
Claro que se jugaba por nada,
apenas para estar en otro mundo.
Ah, los sábados en el potrero
junto a las pocas alegrías, nuestras...
Lástima que no pueda decirlo este poema.
domingo, 26 de febrero de 2017
EXCRITURA DE MALCOM LOWRY
Nada hay más humano
que esos silencios repentinos y extraños,
un galopar de la luz en el bar.
Así se aparece el verdadero paraíso,
mientras se mira otro rostro
en el ventana, la calma del monstruo.
Después alguien grita
y tiene razón, la muerte es insoportable...
humana como ese vaso sucio.
El último trago antes de partir
sin recordar el regreso,
el estallido mudo del volcán en el alma.
Nada hay más humano
que esos silencios repentinos y extraños,
un galopar de la luz en el bar.
Así se aparece el verdadero paraíso,
mientras se mira otro rostro
en el ventana, la calma del monstruo.
Después alguien grita
y tiene razón, la muerte es insoportable...
humana como ese vaso sucio.
El último trago antes de partir
sin recordar el regreso,
el estallido mudo del volcán en el alma.
EXCRITURA DE KAFKA
Durante algunas pocas horas,
al escribir, logré escapar del mundo.
Sin moverme, acá, y solo,
una cucaracha en su único rincón.
Claro que sentí ese miedo:
¿cómo puede uno atreverse;
cómo estar en el real afuera,
y ser un fuego y morir y resucitar?
Apenas un viaje inmóvil,
ese sótano oscuro en todo el aire.
Por suerte, otra vez vuelve la rutina
y el cielo azul en la ventana.
Ahora, un hombre cruza el puente;
ya cierro mi cuaderno, mi piel.
Durante algunas pocas horas,
al escribir, logré escapar del mundo.
Sin moverme, acá, y solo,
una cucaracha en su único rincón.
Claro que sentí ese miedo:
¿cómo puede uno atreverse;
cómo estar en el real afuera,
y ser un fuego y morir y resucitar?
Apenas un viaje inmóvil,
ese sótano oscuro en todo el aire.
Por suerte, otra vez vuelve la rutina
y el cielo azul en la ventana.
Ahora, un hombre cruza el puente;
ya cierro mi cuaderno, mi piel.
sábado, 25 de febrero de 2017
EXCRITURA AUTOBIOGRÁFICA IV
Desaparecía, ¡increíble!, el dedo de mi tío Cali.
A mí no me alcanzaban
los ojos ni el asombro,
y una y otra vez...
Él se reía: "no ta más".
Yo le agarraba la mano,
preocupado, y volvía a aparecer.
Poco después entendí la broma;
pero, ¡qué dolor!,
ya no hubo sonrisas.
Y empecé a no entender nada.
Mi abuelita, tan dulce...igual que el dedo, y llanto.
Desaparecía, ¡increíble!, el dedo de mi tío Cali.
A mí no me alcanzaban
los ojos ni el asombro,
y una y otra vez...
Él se reía: "no ta más".
Yo le agarraba la mano,
preocupado, y volvía a aparecer.
Poco después entendí la broma;
pero, ¡qué dolor!,
ya no hubo sonrisas.
Y empecé a no entender nada.
Mi abuelita, tan dulce...igual que el dedo, y llanto.
UNA EXCRITURA DE LOS DESPLAZAMIENTOS DE LACAN
Siempre, cada cosa es otra
cosa.
Mi ventana,
un miedo de pájaro ciego.
La lamparita
el pellejo de estas palabras.
El cigarro,
la memoria rota del humo.
Esa silla,
otro cuerpo sin pulsión.
Y las paredes,
la verdad de los sueños.
Cada cosa es, sin un lugar
y muda.
Siempre, cada cosa es otra
cosa.
Mi ventana,
un miedo de pájaro ciego.
La lamparita
el pellejo de estas palabras.
El cigarro,
la memoria rota del humo.
Esa silla,
otro cuerpo sin pulsión.
Y las paredes,
la verdad de los sueños.
Cada cosa es, sin un lugar
y muda.
EXCRITURA DE MAROSA DI GIORGIO
Al fin me hice una máscara, pura de vida,
con alas de mariposas y de gladiolos.
Y sin dudar la llamé Laura,
por la memoria del bosque de laureles,
allá, donde nacieron mis pasos.
Vivía en su propia habitación,
nos gustaba compartir el silencio y bailar.
También la lejanía de la ventana,
esos murmullos de la brisa, un mar invisible.
Solo la llevaba sobre mi rostro
cuando andaba desnuda, al aire del sol
Pero ella padecía, lloraba las noches.
Una mañana le regalé mi caballo;
libre, galopó hasta perder el horizonte.
Yo ya no era más la alegría,
hasta las mariposas y los gladiolos me dolían,
en mis ojos el espejo veía sus ojos.
Después apareci, sola, sucia, flotando en el río.
Al fin me hice una máscara, pura de vida,
con alas de mariposas y de gladiolos.
Y sin dudar la llamé Laura,
por la memoria del bosque de laureles,
allá, donde nacieron mis pasos.
Vivía en su propia habitación,
nos gustaba compartir el silencio y bailar.
También la lejanía de la ventana,
esos murmullos de la brisa, un mar invisible.
Solo la llevaba sobre mi rostro
cuando andaba desnuda, al aire del sol
Pero ella padecía, lloraba las noches.
Una mañana le regalé mi caballo;
libre, galopó hasta perder el horizonte.
Yo ya no era más la alegría,
hasta las mariposas y los gladiolos me dolían,
en mis ojos el espejo veía sus ojos.
Después apareci, sola, sucia, flotando en el río.
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