SEÑALES
Esa gota en el laurel,
su borde,
la hoja,
el temblor,
cuando terminó la lluvia,
y la luz
en el apenas,
al caer,
ya muda,
¿será la última señal?
martes, 31 de enero de 2017
EXCRITURA DE THOMAS BENHARD
Todo lo que él veía y tocaba era enfermizo.
Un mundo solo en agonía, triste,
incluso cuando parecía estar sano.
Creía que la vida estaba en la cabeza,
y afuera no había nada. O peor.
Pero todo, en el fondo, también era distinto;
y hacerse comprender, imposible.
¿Por qué que sacrificarse a la comedia,
a una actuación exterior para vivir?
Nuestra vida, decía él, no es naturaleza,
no es para nosotros más que una molestia.
Si al menos existiera la comunicación,
tal vez habría alguna esperanza...
Enfermo, un absurdo triste, así era el mundo.
Además, el ser humano no era capaz,
ni siquiera un instante, de estar con el otro,
salvo cuando éste ya había muerto
y se encontraba verdaderamente dentro de él.
Todo lo que él veía y tocaba era enfermizo.
Un mundo solo en agonía, triste,
incluso cuando parecía estar sano.
Creía que la vida estaba en la cabeza,
y afuera no había nada. O peor.
Pero todo, en el fondo, también era distinto;
y hacerse comprender, imposible.
¿Por qué que sacrificarse a la comedia,
a una actuación exterior para vivir?
Nuestra vida, decía él, no es naturaleza,
no es para nosotros más que una molestia.
Si al menos existiera la comunicación,
tal vez habría alguna esperanza...
Enfermo, un absurdo triste, así era el mundo.
Además, el ser humano no era capaz,
ni siquiera un instante, de estar con el otro,
salvo cuando éste ya había muerto
y se encontraba verdaderamente dentro de él.
FUNDAMENTOS DE LA EXCRITURA
Es así; nunca es eso
lo que en verdad se quiere escribir.
Aunque se insista,
y se corrija y se borre y se olvide.
Siempre hay algo,
ese fondo sin fondo de la palabra.
Una piedra,
tan sencilla que no tiene nombre.
Cualquier arbolito,
apenas se vuelve a mirar ya es otro.
Cerca o lejos,
allí no es allí y tampoco un lugar.
Para colmo,
adentro y alrededor todo el silencio.
Nunca, es así;
y por eso, solo por eso, ¡ay!,se escribe.
Es así; nunca es eso
lo que en verdad se quiere escribir.
Aunque se insista,
y se corrija y se borre y se olvide.
Siempre hay algo,
ese fondo sin fondo de la palabra.
Una piedra,
tan sencilla que no tiene nombre.
Cualquier arbolito,
apenas se vuelve a mirar ya es otro.
Cerca o lejos,
allí no es allí y tampoco un lugar.
Para colmo,
adentro y alrededor todo el silencio.
Nunca, es así;
y por eso, solo por eso, ¡ay!,se escribe.
EXCRITURA DE IVÁN ILICH
Recién ahora soy
el que nunca fui: Iván Ilich.
Desesperado grité,
pero ya era tarde y jamás.
No conocí la vida,
no me atreví a los misterios.
Pero al fin el aire
me revela mi olor putrefacto.
Sé que ellos disimulan,
casi nadie me pueda soportar.
Claro que en su situación,
lo sé, habría hecho lo mismo.
En verdad, la apariencia
nunca engaña: apenas es falsa.
Inútiles, todas las preguntas;
aunque tal vez con la muerte...
Igual ahora entiendo:
sé no puede ser, tan solo es.
Recién ahora soy
el que nunca fui: Iván Ilich.
Desesperado grité,
pero ya era tarde y jamás.
No conocí la vida,
no me atreví a los misterios.
Pero al fin el aire
me revela mi olor putrefacto.
Sé que ellos disimulan,
casi nadie me pueda soportar.
Claro que en su situación,
lo sé, habría hecho lo mismo.
En verdad, la apariencia
nunca engaña: apenas es falsa.
Inútiles, todas las preguntas;
aunque tal vez con la muerte...
Igual ahora entiendo:
sé no puede ser, tan solo es.
FURIA DEL SPLEEN
Los despiadados cohetes de Baudelaire,
rabiosos, pronto estallarán en el corazón de París.
Igual, ya los paseantes están muertos;
o apenas miran, ciegos, las luminosas vidrieras.
Todas demasiado ordenadas, limpitas,
sin el engaño infantil de las viejas mercancías.
Además, al cruzar las calles, cualquiera,
¿quién sueña con ese instante fatal de la belleza?
Solo, un ratito, muy de vez en cuando,
se puede reconoce ese miedo vital: un atentado.
O sentir un poco de viciosa nostalgia
por aquellos viejos y las tantas y tantas putas.
Hasta el spleen resulta aburrido,
dos horas por día, puntual, pasa por el gimnasio.
En verdad, París es apenas un nombre,
una herida falsa que olvida mostrar su sangre.
Claro que a él nunca le importó la ciudad,
pero ahora no quiere que nadie se asome a sus poemas.
Los despiadados cohetes de Baudelaire,
rabiosos, pronto estallarán en el corazón de París.
Igual, ya los paseantes están muertos;
o apenas miran, ciegos, las luminosas vidrieras.
Todas demasiado ordenadas, limpitas,
sin el engaño infantil de las viejas mercancías.
Además, al cruzar las calles, cualquiera,
¿quién sueña con ese instante fatal de la belleza?
Solo, un ratito, muy de vez en cuando,
se puede reconoce ese miedo vital: un atentado.
O sentir un poco de viciosa nostalgia
por aquellos viejos y las tantas y tantas putas.
Hasta el spleen resulta aburrido,
dos horas por día, puntual, pasa por el gimnasio.
En verdad, París es apenas un nombre,
una herida falsa que olvida mostrar su sangre.
Claro que a él nunca le importó la ciudad,
pero ahora no quiere que nadie se asome a sus poemas.
EXCRITURA DEL DANTE
Son demasiados, sin gestos, mudos,
y corren, en círculos, y corren
detrás de una bandera, cualquiera.
Alejados de alabanzas y vituperios,
nunca fieles ni tampoco rebeldes,
solo vivieron para sí, hasta la nada.
¿Será un escena de otro mundo?
Pero al mirar distraído el acá,
la imagen deja de ser una imagen.
Jamás se podrá detener su castigo
ni siquiera los acepta el Diablo:
peor que el infierno es la indolencia.
Son demasiados, sin gestos, mudos,
y corren, en círculos, y corren
detrás de una bandera, cualquiera.
Alejados de alabanzas y vituperios,
nunca fieles ni tampoco rebeldes,
solo vivieron para sí, hasta la nada.
¿Será un escena de otro mundo?
Pero al mirar distraído el acá,
la imagen deja de ser una imagen.
Jamás se podrá detener su castigo
ni siquiera los acepta el Diablo:
peor que el infierno es la indolencia.
EXCRITURA DE LUCIO MANSILLA
Toda la creación en las estrellas
y el desierto de tanto silencio;
apenas un relincho lejano,
algún graznido en la laguna.
Cerca del fogón, pienso
o trato -inútil- de dormir.
Acá, entre estos indios,
recién veo a la humanidad.
Hay otras voces en el fuego
que conocen las palabras,
la redención de la miseria
junto al estar oscuro del cuerpo.
Así duele no ser esta tierra,
cuando somos unos pobres diablos.
Toda la creación en las estrellas
y el desierto de tanto silencio;
apenas un relincho lejano,
algún graznido en la laguna.
Cerca del fogón, pienso
o trato -inútil- de dormir.
Acá, entre estos indios,
recién veo a la humanidad.
Hay otras voces en el fuego
que conocen las palabras,
la redención de la miseria
junto al estar oscuro del cuerpo.
Así duele no ser esta tierra,
cuando somos unos pobres diablos.
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