DESAPARECIDO
Nadie lo llamó en varios meses,
ni amigos ni enemigos.
Él toma todos sus fármacos
y sale a caminar sin rumbo.
A su alrededor ve calles,
autos, perros, casas y árboles;
también un desierto de sombras,
o peor, su reflejo en un cristal.
Entonces regresa, rápido,
apaga la luz y vigila las paredes.
Hace años perdió su reloj,
igual apenas le pasa el tiempo.
O lo que pasa, ya desde antes,
ni siquiera se parece a olvido.
A veces canta y barre su pieza,
aunque tiembla ante cada rincón.
Pero ya no siente ese miedo,
ni siquiera cuando mira el fondo,
el yuyal en esos días de sol.
Siempre come Criollitas,
las hostias del buen Padrecito,
para evitar a las pesadillas.
Si lo sorprende una tela de araña,
vuelve a la lamparita
hasta calmar al cielo raso,
horas, días, años, todavía la misma.
Nunca piensa en esa puerta,
los gritos, las patadas, el diablo.
Ni amigos ni enemigos, nadie;
además, tampoco habla por teléfono,
martes, 1 de noviembre de 2016
lunes, 31 de octubre de 2016
EXCRITURA DE HORACIO GONZÁLEZ
Es cierto, en verdad solo se trata de las formas
o el fluir enredado del relato y el pensar.
Ambiciones inalcanzables en el dolor de la memoria,
un sentimiento que no nos pertenece y excede.
El ensayo de algún juego junto a otras voces,
pasarles un trapito mojado para recuperar su brillo.
Claro que tampoco, siempre sucede lo posible;
aunque demasiadas veces no lo entiende y es feliz.
Apenas sustitutos del tiempo, lo que es
real y primero y deviene siempre en indeterminación.
Mejor intentar la tranquilidad de la conciencia:
saber que el único saber es no saber, poco o mucho.
Es cierto, en verdad solo se trata de las formas
o el fluir enredado del relato y el pensar.
Ambiciones inalcanzables en el dolor de la memoria,
un sentimiento que no nos pertenece y excede.
El ensayo de algún juego junto a otras voces,
pasarles un trapito mojado para recuperar su brillo.
Claro que tampoco, siempre sucede lo posible;
aunque demasiadas veces no lo entiende y es feliz.
Apenas sustitutos del tiempo, lo que es
real y primero y deviene siempre en indeterminación.
Mejor intentar la tranquilidad de la conciencia:
saber que el único saber es no saber, poco o mucho.
HIPÓTESIS DE LAS EXCRITURAS
Una de las tantas conclusiones de El museo de la novela de la eterna es que las novelas -en particular las del siglo XIX, ¿o todas?- solo pueden ser un prólogo de la vida, incluyendo a la literatura que es más o menos lo mismo, acaso un poco más real.
Pero, acertada o no, a esa hipótesis sin fundamento de las excrituras le preocupa más otra cuestión, otra consecuencia inevitable y bastante obvia de sus delirios gratuitos... Si como afirma Macedonio, la muerte no existe: ¿la vida también será apenas un prólogo?
Una de las tantas conclusiones de El museo de la novela de la eterna es que las novelas -en particular las del siglo XIX, ¿o todas?- solo pueden ser un prólogo de la vida, incluyendo a la literatura que es más o menos lo mismo, acaso un poco más real.
Pero, acertada o no, a esa hipótesis sin fundamento de las excrituras le preocupa más otra cuestión, otra consecuencia inevitable y bastante obvia de sus delirios gratuitos... Si como afirma Macedonio, la muerte no existe: ¿la vida también será apenas un prólogo?
EXCRITURA INMÓVIL
Solo puchos y cenizas y botellas,
ahí, sobre la mesa,
y vueltas y vueltas en la mente;
sin moverse,
apenas una mueca,
ese viejo remordimiento,
todo el fracaso:
cada una de las paredes.
Imposible abandonar esa silla,
mejor otro cigarrillo,
contemplar sus cenizas,
otro trago dorado;
recién empieza otra día,
y en la ventana la soledad del jardín.
Solo puchos y cenizas y botellas,
ahí, sobre la mesa,
y vueltas y vueltas en la mente;
sin moverse,
apenas una mueca,
ese viejo remordimiento,
todo el fracaso:
cada una de las paredes.
Imposible abandonar esa silla,
mejor otro cigarrillo,
contemplar sus cenizas,
otro trago dorado;
recién empieza otra día,
y en la ventana la soledad del jardín.
domingo, 30 de octubre de 2016
EPIFANÍA MUDA
Nadie por las calles del barrio,
así, siempre, las mañanas del domingo.
Solo algunos restos de la noche:
botellas rotas y basura en las veredas.
En su cabeza ya late una metáfora;
pero mejor ignorarla... apenas el mirar.
Así, sin alegría ni tristeza,
solo caminar, sin rumbo, ya llega el sol.
Nadie por las calles del barrio,
así, siempre, las mañanas del domingo.
Solo algunos restos de la noche:
botellas rotas y basura en las veredas.
En su cabeza ya late una metáfora;
pero mejor ignorarla... apenas el mirar.
Así, sin alegría ni tristeza,
solo caminar, sin rumbo, ya llega el sol.
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