EXCRITURA DE HORACIO GONZÁLEZ
Es cierto, en verdad solo se trata de las formas
o el fluir enredado del relato y el pensar.
Ambiciones inalcanzables en el dolor de la memoria,
un sentimiento que no nos pertenece y excede.
El ensayo de algún juego junto a otras voces,
pasarles un trapito mojado para recuperar su brillo.
Claro que tampoco, siempre sucede lo posible;
aunque demasiadas veces no lo entiende y es feliz.
Apenas sustitutos del tiempo, lo que es
real y primero y deviene siempre en indeterminación.
Mejor intentar la tranquilidad de la conciencia:
saber que el único saber es no saber, poco o mucho.
lunes, 31 de octubre de 2016
HIPÓTESIS DE LAS EXCRITURAS
Una de las tantas conclusiones de El museo de la novela de la eterna es que las novelas -en particular las del siglo XIX, ¿o todas?- solo pueden ser un prólogo de la vida, incluyendo a la literatura que es más o menos lo mismo, acaso un poco más real.
Pero, acertada o no, a esa hipótesis sin fundamento de las excrituras le preocupa más otra cuestión, otra consecuencia inevitable y bastante obvia de sus delirios gratuitos... Si como afirma Macedonio, la muerte no existe: ¿la vida también será apenas un prólogo?
Una de las tantas conclusiones de El museo de la novela de la eterna es que las novelas -en particular las del siglo XIX, ¿o todas?- solo pueden ser un prólogo de la vida, incluyendo a la literatura que es más o menos lo mismo, acaso un poco más real.
Pero, acertada o no, a esa hipótesis sin fundamento de las excrituras le preocupa más otra cuestión, otra consecuencia inevitable y bastante obvia de sus delirios gratuitos... Si como afirma Macedonio, la muerte no existe: ¿la vida también será apenas un prólogo?
EXCRITURA INMÓVIL
Solo puchos y cenizas y botellas,
ahí, sobre la mesa,
y vueltas y vueltas en la mente;
sin moverse,
apenas una mueca,
ese viejo remordimiento,
todo el fracaso:
cada una de las paredes.
Imposible abandonar esa silla,
mejor otro cigarrillo,
contemplar sus cenizas,
otro trago dorado;
recién empieza otra día,
y en la ventana la soledad del jardín.
Solo puchos y cenizas y botellas,
ahí, sobre la mesa,
y vueltas y vueltas en la mente;
sin moverse,
apenas una mueca,
ese viejo remordimiento,
todo el fracaso:
cada una de las paredes.
Imposible abandonar esa silla,
mejor otro cigarrillo,
contemplar sus cenizas,
otro trago dorado;
recién empieza otra día,
y en la ventana la soledad del jardín.
domingo, 30 de octubre de 2016
EPIFANÍA MUDA
Nadie por las calles del barrio,
así, siempre, las mañanas del domingo.
Solo algunos restos de la noche:
botellas rotas y basura en las veredas.
En su cabeza ya late una metáfora;
pero mejor ignorarla... apenas el mirar.
Así, sin alegría ni tristeza,
solo caminar, sin rumbo, ya llega el sol.
Nadie por las calles del barrio,
así, siempre, las mañanas del domingo.
Solo algunos restos de la noche:
botellas rotas y basura en las veredas.
En su cabeza ya late una metáfora;
pero mejor ignorarla... apenas el mirar.
Así, sin alegría ni tristeza,
solo caminar, sin rumbo, ya llega el sol.
EXCRITURA DE LAS CENIZAS
Perdidas las batallas con el cuerpo,
la piel ya olvidó su alma.
¿Quién esos amargos tan solo
y apenas puede fumar?
La ventana oculta al árbol
ni un soplo de piedad en el viento
Al mirar fijo las cenizas,
aun espera escuchar otra voz.
Pero el cuerpo cree en las palabras,
el don de sentir la ausencia.
Perdidas las batallas con el cuerpo,
la piel ya olvidó su alma.
¿Quién esos amargos tan solo
y apenas puede fumar?
La ventana oculta al árbol
ni un soplo de piedad en el viento
Al mirar fijo las cenizas,
aun espera escuchar otra voz.
Pero el cuerpo cree en las palabras,
el don de sentir la ausencia.
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