EXCRITURA DE ARTURO CARRERA
Lejos, las ranas del estanque
con sus bolsas resonadoras.
Los últimos horneros
y los pájaros de roncas voces.
Un movimiento oscuro
en los árboles y en todo el cielo.
El sentido del fueguito
que ya se enciende, estalla.
Todo parece una queja,
pero solo es anochecer: carpe noctem
miércoles, 31 de agosto de 2016
EXCRITURA DE MOLLY BLOOM
Sí,
no hay nada como un beso
que descubre el alma.
Lejos, otra vez,
entre las memorias.
La trampa de las palabras,
su verdadera piel.
Y las sabanas tibias,
y el temblor de esos labios.
El sabor es un flor eterna,
todas las primaveras.
Dios te regaló la saliva,
y no existe más sed.
Dormida o despierta
la dulzura ya aleja la felicidad,
no..
Sí,
no hay nada como un beso
que descubre el alma.
Lejos, otra vez,
entre las memorias.
La trampa de las palabras,
su verdadera piel.
Y las sabanas tibias,
y el temblor de esos labios.
El sabor es un flor eterna,
todas las primaveras.
Dios te regaló la saliva,
y no existe más sed.
Dormida o despierta
la dulzura ya aleja la felicidad,
no..
EXCRITURA DE SILENO
Ayer, cuando volvía del trabajo,
me crucé al viejo Sileno en la avenida.
Venía cargado de bolsas con botellas,
todas del shopping de San Justo.
Al llamarlo, con fastidio
detuvo el apuro agitado de sus pasos.
Me temblaban las piernas;
pero no largó una espantosa carcajada.
Nos miramos un ratito,
el gordo solo se encogió de hombros.
Y al cambiar la luz del semáforo
se fue: ya no tiene nada que decir, a nadie.
Ayer, cuando volvía del trabajo,
me crucé al viejo Sileno en la avenida.
Venía cargado de bolsas con botellas,
todas del shopping de San Justo.
Al llamarlo, con fastidio
detuvo el apuro agitado de sus pasos.
Me temblaban las piernas;
pero no largó una espantosa carcajada.
Nos miramos un ratito,
el gordo solo se encogió de hombros.
Y al cambiar la luz del semáforo
se fue: ya no tiene nada que decir, a nadie.
EXCRITURA DE JOSÉ PORTOLAGO
El silencio chilla en toda la soledad
bajo la decapitación de la luna.
Hay ángeles de cemento
que gritan las noticias del día.
Árboles alucinados
miran pasar la sangre de los vagones.
El viento tiene un fusil
y apunta al corazón del horizonte.
Yo quiero ser un gusano
en una botella y soñar un verso para alguien.
El silencio chilla en toda la soledad
bajo la decapitación de la luna.
Hay ángeles de cemento
que gritan las noticias del día.
Árboles alucinados
miran pasar la sangre de los vagones.
El viento tiene un fusil
y apunta al corazón del horizonte.
Yo quiero ser un gusano
en una botella y soñar un verso para alguien.
martes, 30 de agosto de 2016
DIÁLOGOS EXCLUSIVOS DE LAS EXCRITURAS
Alguna vez tenía que ocurrir y por suerte ahí estaba nuestro enviado especial. El hombre de rostro más que pícaro conocía a Evita, claro; ella, días después, supo que se trataba de Raúl Damonte, el irreverente Copi.
-Disculpe, no creo que me conozca, pero me gustaría hablar con usted.
-¿Qué necesita, compañero?
-Nada, solo hablar.
-¡Qué afortunado!Diga nomás.
-¿Usted no leyó mis libros, no?
-Creo que no, tengo poco tiempo y...
-Yo escribí una obra sobre usted, hace mucho. Usted ya no estaba, o sí, bah, todavía no lo sé.
-No entiendo.
-Bueno, decían que usted ya no estaba.
-Ajá, no quiero mandarme la parte, pero muchos escribieron...y la verdad me importa poco.
-Es que mi obra causó un gran escándalo. Inclusive en Francia.
-¿No me diga?
-A sus simpatizantes no les agrado mucho que digamos.
-Yo no tengo simpatizantes, no soy Racing Club.
-Entiendo...es que me gustaría que la leyera.
-¿Es peronista o antiperonista?
-No sabría qué decirle.
-Pero usted la escribió, ¿y no lo sabe?
-Es que tiene mucho humor.
-Ah, una comedia, me gustan.
-No, otro tipo de humor. Más ambiguo, medio negro.
-¿Negro?
-Un poco atrevido.
-Algo como... "Viva el cáncer"
-No, no, bueno. Aunque en algo se podría decir que se parece.
-Entonces usted es un contrera, déjeme tranquila, tengo mucho que hacer.
-No quise...soy apenas un escritor.
-Váyase a cagar; seguro que es otro gorila, como todos.
-No quería importunarla.
-¡Importunarla! Así no hablan mis cabecitas.
-¿No la va a leer? Igual se la dejo.
-Será para los cartoneros, ¿qué le parece?
-No estaría mal.
-Igual no se preocupe, los peores gorilas son los nuestros. Vaya tranquilo.
-Aunque no me crea, yo la admiro.
-Lástima, pero no soy una estrella de cine. Así que chau.
-Adiós, señora.
Antes de retirarse Copi la observó durante un rato. Evita seguía leyendo cartas y tomaba notas en una libreta destartalada; a veces estiraba la mano buscando un teléfono ausente. Copy no entendía el gesto y al fin se fue algo triste; pero, a los pocos días, Paquito le contó que Evita se rió, y mucho, cuando leyó su obra.
Alguna vez tenía que ocurrir y por suerte ahí estaba nuestro enviado especial. El hombre de rostro más que pícaro conocía a Evita, claro; ella, días después, supo que se trataba de Raúl Damonte, el irreverente Copi.
-Disculpe, no creo que me conozca, pero me gustaría hablar con usted.
-¿Qué necesita, compañero?
-Nada, solo hablar.
-¡Qué afortunado!Diga nomás.
-¿Usted no leyó mis libros, no?
-Creo que no, tengo poco tiempo y...
-Yo escribí una obra sobre usted, hace mucho. Usted ya no estaba, o sí, bah, todavía no lo sé.
-No entiendo.
-Bueno, decían que usted ya no estaba.
-Ajá, no quiero mandarme la parte, pero muchos escribieron...y la verdad me importa poco.
-Es que mi obra causó un gran escándalo. Inclusive en Francia.
-¿No me diga?
-A sus simpatizantes no les agrado mucho que digamos.
-Yo no tengo simpatizantes, no soy Racing Club.
-Entiendo...es que me gustaría que la leyera.
-¿Es peronista o antiperonista?
-No sabría qué decirle.
-Pero usted la escribió, ¿y no lo sabe?
-Es que tiene mucho humor.
-Ah, una comedia, me gustan.
-No, otro tipo de humor. Más ambiguo, medio negro.
-¿Negro?
-Un poco atrevido.
-Algo como... "Viva el cáncer"
-No, no, bueno. Aunque en algo se podría decir que se parece.
-Entonces usted es un contrera, déjeme tranquila, tengo mucho que hacer.
-No quise...soy apenas un escritor.
-Váyase a cagar; seguro que es otro gorila, como todos.
-No quería importunarla.
-¡Importunarla! Así no hablan mis cabecitas.
-¿No la va a leer? Igual se la dejo.
-Será para los cartoneros, ¿qué le parece?
-No estaría mal.
-Igual no se preocupe, los peores gorilas son los nuestros. Vaya tranquilo.
-Aunque no me crea, yo la admiro.
-Lástima, pero no soy una estrella de cine. Así que chau.
-Adiós, señora.
Antes de retirarse Copi la observó durante un rato. Evita seguía leyendo cartas y tomaba notas en una libreta destartalada; a veces estiraba la mano buscando un teléfono ausente. Copy no entendía el gesto y al fin se fue algo triste; pero, a los pocos días, Paquito le contó que Evita se rió, y mucho, cuando leyó su obra.
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