EL OTOÑO DEL IDIOTA
El idiota vuelve a alzar las cejas,
no deja de asombrarlo las o de la palabra otoño:
sueltan un aliento suave,
esa musiquita que solo expresa el silencio.
Lástima que su perro no entiende
y ladra y corre otra vez alrededor del jardín.
Menos aun el enorme pino
que suelta hojas tristes desde sus largas ramas.
Pero el idiota insiste, más lento,
cada vez que abre su boca se calman sus babas;
por supuesto que no le importa para nada el sentido,
¿Acaso el otoño es algo más un misterio?
miércoles, 29 de junio de 2016
martes, 28 de junio de 2016
EXCRITURA DE LEÓNIDAS LAMBORGHINI
Todavía, mueren como moscas
sin ver la leche
y menos la carne.
Todavía, en el mismo borde
de las aguas podridas
y con más basura.
Todavía, la inútil y vieja sopita
para la distrofia
o un cadáver en el barro.
Todavía, ni noticias de las proteínas.
Aunque se diga
y se vuelva a gritar.
Todavía, desde primer grado
hasta...
en esa zona del no ser.
Todavía los chicos mueren como moscas.
Todavía, mueren como moscas
sin ver la leche
y menos la carne.
Todavía, en el mismo borde
de las aguas podridas
y con más basura.
Todavía, la inútil y vieja sopita
para la distrofia
o un cadáver en el barro.
Todavía, ni noticias de las proteínas.
Aunque se diga
y se vuelva a gritar.
Todavía, desde primer grado
hasta...
en esa zona del no ser.
Todavía los chicos mueren como moscas.
EXCRITURA DE LEÓN FELIPE
He venido a mirarme la cara,
esas lágrimas que caminan al mar
por el río
y por las nubes.
He venido a cantarle de la luz
entre las tantas tinieblas sin límite
en los pozos
y en la ausencias.
He venido a juntar las memorias,
con las palabras rotas de la derrota
para ver la vida
y salvar la esperanza.
He venido a mirarme la cara,
esas lágrimas que caminan al mar
por el río
y por las nubes.
He venido a cantarle de la luz
entre las tantas tinieblas sin límite
en los pozos
y en la ausencias.
He venido a juntar las memorias,
con las palabras rotas de la derrota
para ver la vida
y salvar la esperanza.
lunes, 27 de junio de 2016
LAS CAÑERÍAS DEL IDIOTA
Al idiota le fascina abrir todas las canillas.
Aunque se resiste a lavarse, su rostro se ilumina hasta las babas
cuando ve correr y correr el agua.
Al cerrarlas apenas puede contener los impulsos del llanto.
A veces se agacha a observar las cañerías.
Es probable que su cabezota sospeche algún vínculo misterioso
entre esos milagros tan cristalinos
y los rarísimos troncos de plomo que desaparecen en el suelo.
Será por este sencilla y absurda razón
que muchas veces en el jardín le disputa a su propio perro
el llamado de la sed en el sucio bebedero.
Pero todo termina bien; cuando gruñe el idiota, el perro espera su turno.
Al idiota le fascina abrir todas las canillas.
Aunque se resiste a lavarse, su rostro se ilumina hasta las babas
cuando ve correr y correr el agua.
Al cerrarlas apenas puede contener los impulsos del llanto.
A veces se agacha a observar las cañerías.
Es probable que su cabezota sospeche algún vínculo misterioso
entre esos milagros tan cristalinos
y los rarísimos troncos de plomo que desaparecen en el suelo.
Será por este sencilla y absurda razón
que muchas veces en el jardín le disputa a su propio perro
el llamado de la sed en el sucio bebedero.
Pero todo termina bien; cuando gruñe el idiota, el perro espera su turno.
domingo, 26 de junio de 2016
sábado, 25 de junio de 2016
EL LABERINTO DEL IDIOTA
Ojalá nunca se entere el gran Borges...
Pero el idiota también está dentro de un laberinto;
siempre, ahí, en el jardín de cada día
junto al pino, su perro y las ineludibles babas.
No hay ninguna salida posible,
ni siquiera al cerrar los ojos o mirar las nubes.
Claro que él no lo sabe o no le importa,
ni la menor sospecha de que, como todos, está perdido.
La situación perturba a las excrituras:
¿quién escribe lo perdido si se vive como plenitud?
El idiota abre sus manos alrededor del tronco
y deja que las caricias de las brisas sean sus propias caricias.
Ojalá nunca se entere el gran Borges...
Pero el idiota también está dentro de un laberinto;
siempre, ahí, en el jardín de cada día
junto al pino, su perro y las ineludibles babas.
No hay ninguna salida posible,
ni siquiera al cerrar los ojos o mirar las nubes.
Claro que él no lo sabe o no le importa,
ni la menor sospecha de que, como todos, está perdido.
La situación perturba a las excrituras:
¿quién escribe lo perdido si se vive como plenitud?
El idiota abre sus manos alrededor del tronco
y deja que las caricias de las brisas sean sus propias caricias.
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