AFIRMACIÓN DE LA NEGACIÓN
No quiero pensar en vos,
no quiero pensar,
no quiero,
no...
pero ya empiezo otra vez.
viernes, 4 de enero de 2019
jueves, 3 de enero de 2019
DIALÉCTICA DE LOS NEGROS
Lo lamento, pero a Susan Buck-Morss no se le escapó que en tu oración secular de las mañanas, cuando leías el diario de Archenholz se desplegaba -¿a dos columnas?- la extraña libertad en la historia. Ahí, acaso asombrado, descubriste que la sangre de los negros esclavos de Haití complicaba el espiral de tu Espíritu Absoluto, por supuesto, occidental. Después, para disimular, inventaste la dialéctica del Amo y el Esclavo; ese enfrentamiento a muerte que ya te había contado tu periódico favorito. Así que con la pasión de los otros y tu astucia tu cátedra dejaste perplejos a tus estudiantes. En síntesis, no pretende una negación de oculta negación; sé -me resigno- que durante siglos deslumbraste a demasiados con tu ingenio y originalidad, aunque es probable que ningún esclavo, ningún negro festejara la gloria de uno de sus amos, el que les robó con palabras la lucha de sus cuerpos.
Lo lamento, pero a Susan Buck-Morss no se le escapó que en tu oración secular de las mañanas, cuando leías el diario de Archenholz se desplegaba -¿a dos columnas?- la extraña libertad en la historia. Ahí, acaso asombrado, descubriste que la sangre de los negros esclavos de Haití complicaba el espiral de tu Espíritu Absoluto, por supuesto, occidental. Después, para disimular, inventaste la dialéctica del Amo y el Esclavo; ese enfrentamiento a muerte que ya te había contado tu periódico favorito. Así que con la pasión de los otros y tu astucia tu cátedra dejaste perplejos a tus estudiantes. En síntesis, no pretende una negación de oculta negación; sé -me resigno- que durante siglos deslumbraste a demasiados con tu ingenio y originalidad, aunque es probable que ningún esclavo, ningún negro festejara la gloria de uno de sus amos, el que les robó con palabras la lucha de sus cuerpos.
CONCIENCIA DEL CHOCOLATE
Sin ningún supuesto a las piruetas del en y para sí
también le atraen el sabor del chocolate,
más aun en esas tardes frías de invierno
cuando se espera al maldito colectivo en la ruta.
Claro que tarda, parece que es...pero no;
por eso li mejor es dar otra bocadito
para volver a descubrir esa huella de almendras,
entonces al deshacerse la magia,
hay algo que dobla allá, todavía lejano,
mal que le pese a nuestro querido Hegel
y a tramposa la fenomenología de la experiencia,
ya es la trompa azul, el número exacto;
así que levanto el brazo y me olvido
del frío, el invierno, todo... menos del sabor
en sí y para sí del chocolate, ese espíritu absoluto.
miércoles, 2 de enero de 2019
martes, 1 de enero de 2019
LA GRAN REVELACIÓN
Sus rigurosos biógrafos no tienen dudas,
además lo saben todos.
Nadie lo puede negar,
ni siquiera sus discípulos,
obedientes y rebeldes,
aunque no entendieran nada.
Pudo ser una venganza
o acaso un acto de justicia.
Pero justo antes de morir,
-bastante desconcertado,
entre el espanto y la culpa-,
el gran Hegel se miró en un espejo
y vio, sonriendo, al gran Keith Richards.
Sus rigurosos biógrafos no tienen dudas,
además lo saben todos.
Nadie lo puede negar,
ni siquiera sus discípulos,
obedientes y rebeldes,
aunque no entendieran nada.
Pudo ser una venganza
o acaso un acto de justicia.
Pero justo antes de morir,
-bastante desconcertado,
entre el espanto y la culpa-,
el gran Hegel se miró en un espejo
y vio, sonriendo, al gran Keith Richards.
LA TERAPIA DE LA SINESTESIA
En el viejo suplemento de ciencia de Página 12,
una tal profesora llamada Roxburg
ve colores si escucha sonidos
y sonidos en los colores.
¡Albricias! o acaso sea una desgracia,
la sinestesia es un desarreglo el Espíritu
que impide ser real a la realidad
y a guardar y a guardar cada cosa en su lugar.
Para colmo y lamento del cabezota Hegel,
los sinestetas cuestiona su numerología:
la gran mayoría sostiene que el 4 es honesto
y no se puede confiar en el 3...
¿Qué hacer entonces con los momentos dialéticos
superados por el secreto fáctico de lo vital?
Quizás habrá que imitar a la pobre profesora,
y taparse los oídos y gritar al contemplar un Van Gogh.
En el viejo suplemento de ciencia de Página 12,
una tal profesora llamada Roxburg
ve colores si escucha sonidos
y sonidos en los colores.
¡Albricias! o acaso sea una desgracia,
la sinestesia es un desarreglo el Espíritu
que impide ser real a la realidad
y a guardar y a guardar cada cosa en su lugar.
Para colmo y lamento del cabezota Hegel,
los sinestetas cuestiona su numerología:
la gran mayoría sostiene que el 4 es honesto
y no se puede confiar en el 3...
¿Qué hacer entonces con los momentos dialéticos
superados por el secreto fáctico de lo vital?
Quizás habrá que imitar a la pobre profesora,
y taparse los oídos y gritar al contemplar un Van Gogh.
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