MILAGRO ZAINO
Antes, siempre borracho, todos los miserables días.
El imposible de subirse a la carreta,
si hasta olvidaba atar al Zaino;
igual, solo había que escarbar basura.
Claro que pasa lo que pasa
y dejó la botella y el resentimiento;
tan doloroso, más dificil
que encontrar algo de comida.
Pero la sobriedad es un amanecer,
calles, arboledas, un destino...
lástima que hoy llueve, ay, no puede trabajar.
Así que se prepara unos amargos,
fácil...y le agradece a la vida.
Con una sonrisa y unos yuyos
ya camina a ver a su compañero.
Algo le murmura, suave, en la oreja;
el Zaino con la cabeza dice que sí
y, mientras descansa, come despacio la palabra sol.
domingo, 5 de noviembre de 2017
sábado, 4 de noviembre de 2017
DUDAS INTRASCENDENTES
Hasta la nada de los simples mortales,
tienen ese detalle del misterio:
¿el último instante de la vida
redime y ennoblece al hombre?
Discupá, Schiller, pero tengo dudas;
a veces me imagino con pañales y...
Será que cambiaron los tiempos,
ni te imáginas los adelantos médicos.
Claro que la frase tiene grandeza,
además, solo es una cuestión de esperar.
Hasta la nada de los simples mortales,
tienen ese detalle del misterio:
¿el último instante de la vida
redime y ennoblece al hombre?
Discupá, Schiller, pero tengo dudas;
a veces me imagino con pañales y...
Será que cambiaron los tiempos,
ni te imáginas los adelantos médicos.
Claro que la frase tiene grandeza,
además, solo es una cuestión de esperar.
LA DELEGADA DEL DOCKE III
A la delegada se le acerca la rama más alta,
desde su mirada sube con cuidado,
lentamente, y de pronto se pierden en el cielo,
abren una pueblada de victoria, y el pino,
ahí, en el corazón del hospital, ya no es,
casi desaparece en inmensidad de sombras,
y un instante, borrosa, se le cruza la imagen:
esa sonrisa de Evita, otra vez, en el frigorífico.
A la delegada se le acerca la rama más alta,
desde su mirada sube con cuidado,
lentamente, y de pronto se pierden en el cielo,
abren una pueblada de victoria, y el pino,
ahí, en el corazón del hospital, ya no es,
casi desaparece en inmensidad de sombras,
y un instante, borrosa, se le cruza la imagen:
esa sonrisa de Evita, otra vez, en el frigorífico.
viernes, 3 de noviembre de 2017
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