viernes, 3 de noviembre de 2017

DE ÚLTIMA

Ya no hay mucho que decir.
Lento, el hastío
y la extinción del deseo.
¿Nombrar una rosa
no es peor que un insulto?
Hasta el cigarrillo,
solito, se consume.
El aire y las estrellas,
¡la luna!...pavadas.
El origen estéril,
el final ya pasó hace rato.
Quejas patéticas,
apenas la cobardía.
Mejor, escuchar a los muertos.
LA COMPAÑÍA DE LAS MOSCAS

Hay un revuelo de moscas alrededor de la basura.
Pero todo está en orden;
bueno, las mismas paredes sucias,
los ceniceros, etc., etc., etc.
Puedo poner la pava al fuego,
otro cigarrillo, esperar,
y quedarme un rato tranquilo.
El aire huele a cadáver.
Por suerte tengo un papel y un lápiz,
aunque no vienen...las palabras.
Algo se me escapa, no entiendo,
ni siquiera al asomarme a la ventana.
Creo que aun estoy vivo.
La verdad, por ahora prefiero contemplar las moscas
EL LABERINTO DE OLGA OROZCO

Ya no sé si al avanzar, solo retrocedo.
Tantas culpas,
el frágil despeñadero hacia el paraíso.

El camino siempre crea a las nieblas,
curvas falsas,
ese brillo fatal de la única serpiente.

A veces puede imaginar al monstruo,
los deseos,
sus laceraciones en la voz del cuerpo.

Y otra vez ante la misma emboscada,
la verdad del río...
no quiero saber a donde van las aguas.
RUTINA DEL HORROR

Acá, en la flotación del mundo,
en este vértigo,
su aliento,
apenas un lamento suspira la nada.

Acá, masacrada la primavera,
en este jardín,
pobres mariposas,
los árboles se hunden en el cielo.

Y ante las imágenes del final,
en este video,
ya ciego y mudo,
acá, el error es la rutina del horror.

EL MATERIALISMO DE ALTHUSSER

En las bellas tierras de mi abuelo,
ahí, por primera vez,
mi cuerpo empezó a pensar:
la acción de la mano,
el juego de los músculos,
esa piel de las sensaciones.
Ya no la vana mirada,
la boba especulación;
yo paseaba por el huerto,
arrancaba lechugas...
Y hasta eran otras las palabras,
transpiradas, reales, nobles;
lejos de los fantasmas:
ni mi padre ni mi madre.
Mi cuerpo, el gran misterio;
ahí, al fin, encontré mi propia vida.

jueves, 2 de noviembre de 2017

LA DELEGADA DEL DOCKE II

La mirada es eterna en el adiós del mirar,
a un costado, ahí, el otro sueño;
pero la delegada, inmóvil,
empieza a mover la cortina:
a la voluntad nunca se la puede vencer.
Su fantasma todavía resiste,
mientras la noche acaricia sus párpados
que persisten en la memoria;
el reclamo de los compañeros,
los panfletos clandestinos y la cárcel:
el corazón ya abrió la ventana a la victoria.
ESPUMA DE LA PLEGARIA

Todo lo que se pide es eternidad.
Hay una playa desnuda,
la sal en el viento,
esa esperanza de horizonte,
el dolor de la plegaria;
y la marea que se retira, el cielo.