4
Por siempre preso en mi corazón,
yo solo quiero escapar.
Pero me envuelves,
tomas la forma en mi forma;
y el viento me rellena,
y te conviertes en una nube.
Entonces veo una cabaña tibia
que sueño en las nieves sin rumbo.
domingo, 2 de julio de 2017
20
Ese balbuceo del universo en la ansiedad de mi sangre,
la lengua seca por la sed de tantas plegarias,
una gran heladera deslumbrante de horror,
ni emperatrices ni damas cubiertas de pieles,
apenas la vida sobre regazo perverso de una virgen,
sin nada que inaugurar, ni siquiera esta lamparita,
el vértigo de las imágenes inmóviles del viaje,
la puerta abierta al llegar al Hotel de la Revelación
y un nombre decapitado frente al espejo,
ese baldío de tu forma en las sábanas sucias y tibias,
otro amanecer que no amanece
en la ventana que mira los ojos del último sueño,
la fosforescencia de su triunfo inútil,
así son las cosas: siempre, el lujo de la confusión y el éxodo.
Ese balbuceo del universo en la ansiedad de mi sangre,
la lengua seca por la sed de tantas plegarias,
una gran heladera deslumbrante de horror,
ni emperatrices ni damas cubiertas de pieles,
apenas la vida sobre regazo perverso de una virgen,
sin nada que inaugurar, ni siquiera esta lamparita,
el vértigo de las imágenes inmóviles del viaje,
la puerta abierta al llegar al Hotel de la Revelación
y un nombre decapitado frente al espejo,
ese baldío de tu forma en las sábanas sucias y tibias,
otro amanecer que no amanece
en la ventana que mira los ojos del último sueño,
la fosforescencia de su triunfo inútil,
así son las cosas: siempre, el lujo de la confusión y el éxodo.
sábado, 1 de julio de 2017
19
Alguna vez cruzamos el desierto del sol, sus amores, todavía vivos.
Hace mil años abandonamos el último beso
y la ternura de caminar en la niebla.
Ahora silban las serpientes petrificadas,
los despojos secos de la sangre
en los ataúdes de la indiferencia y el odio,
como un infierno sin sus condenas,
ni siquiera abrazadores suplicios
o carnes heridas por las pasiones bestiales.
Los mares ya ciegos miran nuestras sombras,
porque olvidamos a la palabra aventura.
Solo a veces caen pedacitos de eternidad, frases sueltas, un ser y nada.
Alguna vez cruzamos el desierto del sol, sus amores, todavía vivos.
Hace mil años abandonamos el último beso
y la ternura de caminar en la niebla.
Ahora silban las serpientes petrificadas,
los despojos secos de la sangre
en los ataúdes de la indiferencia y el odio,
como un infierno sin sus condenas,
ni siquiera abrazadores suplicios
o carnes heridas por las pasiones bestiales.
Los mares ya ciegos miran nuestras sombras,
porque olvidamos a la palabra aventura.
Solo a veces caen pedacitos de eternidad, frases sueltas, un ser y nada.
18
Rostros que llevan lejos, a cualquier camino.
Rostros vampiros para anochecer.
Rostros barridos por voces de viento.
Rostros amenazantes por su ternura.
Rostros con plegarias en la nuca.
Rostros hambrientos de lluvias de fuego.
Rostros entrelazados de peces y pajarracos.
Rostros tendidos entre memorias rotas.
Rostros para asomar al borde de la vida.
Rostros dulces embriagados por las furias.
Rostros perdidos en un gesto mudo.
Rostros contra ese filo fatal de los dioses.
Rostros entre los tesoros de la cosecha.
Rostros que caen invisibles a la tierra, únicos.
Rostros que llevan lejos, a cualquier camino.
Rostros vampiros para anochecer.
Rostros barridos por voces de viento.
Rostros amenazantes por su ternura.
Rostros con plegarias en la nuca.
Rostros hambrientos de lluvias de fuego.
Rostros entrelazados de peces y pajarracos.
Rostros tendidos entre memorias rotas.
Rostros para asomar al borde de la vida.
Rostros dulces embriagados por las furias.
Rostros perdidos en un gesto mudo.
Rostros contra ese filo fatal de los dioses.
Rostros entre los tesoros de la cosecha.
Rostros que caen invisibles a la tierra, únicos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)