miércoles, 2 de noviembre de 2016

EXCRITURA DE HEMINGWAY

Acaso desesperado por nada,
cerca de la sombra del árbol de la vereda
el viejo solo y sordo
cada noche bebe su coñac.
Nadie lo quiere ver,
para los mozos es apenas un espectro.
El último cliente, siempre.
Todo lo que tiene es eso: una copa,
y ese lugar limpio y con un poco de luz.

martes, 1 de noviembre de 2016

EXCRITURA DE ZAMBA DE MI ESPERANZA

Amanecida como un querer,
zamba de la esperanza.

Las vueltas de tu pañuelo
acarician mi corazón.

Soy polvareda del horizonte,
y voy con el viento.

Y el tiempo pasa y no vuelve,
pero tu cariño será, será.

Ay, estrellita de mi padecer,
deja salir su canto.

La zamba de la esperanza
solo quiere amanecer.
¿CONDICIÓN HUMANA?

Ya no son excepciones los nazis,
ni los peores genocidios
o los asesinos más brutales.
Las excepciones son los otros:
acaso ni siquiera sean humanos.
UNA POÉTICA FÚNEBRE

Sin querer
cada día me muero un poco.

No puedo
ver las flores o las mariposas.

Ni siquiera
el color sin fondo del cielo.

Y rechazo
el dulce laberinto del amor.

Solo espero
una música muda en el alma.

Ahora,
ay, tampoco viven estos versos.
EXCRITURA DE CAVAFY

Adentro de mí, otra vez, el luto de la tristeza.

Haber estado cerca tantas veces
de esos ojos, de esos labios,
el cuerpo soñado y único del placer.

¿Por qué se detuvieron mis deseos?
Ahora, solo anhelo un engaño
y que mi vida olvide un rato su vacío.

Pero tantas veces, tan cerca... ¡qué cobardía!
EL VIRUS DE LA POESÍA

Ya resultan inútiles -o ridículos- los enormes esfuerzos de las excrituras para explicar la existencia de la poesía en el mundo actual. O mejor dicho, la persistencia de su práctica: inútil e improductiva. Según su laboratorio, al considerar los rasgos que caracterizan la cultura contemporánea, ya no se trata de una actividad humana normal, ni siquiera un juego o un mero entretenimiento. Quizás, se sugiere, debiera alertarse sobre la mutación de un viejo y peligroso virus o, simplemente, dejarla en su lugar: ninguno.
Pero ante la persistencia de esta falsa necesidad, son cada vez más insistentes los que proponen medidas más precisas y drásticas: es urgente prevención y eliminación de esa aberración humana. Sin llegar a considerar el hecho como una patología -sería políticamente incorrecto-, un grupo de especialistas han elaborado una propuesta: la creación de centros de rehabilitación para poetas, buenos o malos, da lo mismo. Sin dudas, los recientes y grandes avances en la biología y su aplicación a los problemas humanos resultarían una herramienta imprescindible para garantizar el funcionamiento eficaz de la propuesta.
De modo que si cualquier persona siente la tentación de escribir un poema o apenas un verso, podría internarse inmediatamente para su tratamiento. En casos extremos, ante las posibles resistencias, resulta fundamental la conformación de una policía parapoética. El proyecto es mucho más sencillo de lo que puede imaginarse, no hace falta leer para distinguir a la prosa de la poesía. Por lo menos en la mayoría de los casos. Aunque por el momento es solo un proyecto, tan urgente como audaz, ya se cuenta con el apoyo irrestricto de la CIA y las grandes corporaciones dedicadas a la cultura mundial. Y por supuesto, el aval festivo de las más prestigiosas editoriales.
DESAPARECIDO

Nadie lo llamó en varios meses,
ni amigos ni enemigos.
Él toma todos sus fármacos
y sale a caminar sin rumbo.
A su alrededor ve calles,
autos, perros, casas y árboles;
también un desierto de sombras,
o peor, su reflejo en un cristal.
Entonces regresa, rápido,
apaga la luz y vigila las paredes.
Hace años perdió su reloj,
igual apenas le pasa el tiempo.
O lo que pasa, ya desde antes,
ni siquiera se parece a olvido.
A veces canta y barre su pieza,
aunque tiembla ante cada rincón.
Pero ya no siente ese miedo,
ni siquiera cuando mira el fondo,
el yuyal en esos días de sol.
Siempre come Criollitas, 
las hostias del buen Padrecito,
para evitar a las pesadillas.
Si lo sorprende una tela de araña,
vuelve a la lamparita
hasta calmar al cielo raso,
horas, días, años, todavía la misma.
Nunca piensa en esa puerta,
los gritos, las patadas, el diablo.
Ni amigos ni enemigos, nadie;
además, tampoco habla por teléfono,