A LOS SOBREVIVIENTES
Ya se olvidó de la desesperación.
No escucha
ni ve, pero aun camina.
Nada podrá detenerlo,
nadie, hasta llegar
al precipicio y entrar a la casa.
Esas paredes cuidan su pasado,
tantos cadáveres
que todavía lamentan vida.
Sentado frente al jardín
solo mira un árbol.
A veces conversa con su sombra.
jueves, 6 de octubre de 2016
martes, 4 de octubre de 2016
UN BALANCE ARBITRARIO
Escuchame apenas un poquito, pelotudo:
leíste lo que quisiste, a los mejores;
viste el primer gol inolvidable de Nahuel,
hiciste mil veces la revolución en Epuyén
conociste a Ceci, a Flor, a Del;
te sonrió la más hermosa puta de Praga;
tenés un autógrafo trucho del Diego;
viste a Fellini, a Wenders, ¡a Favio!,
ni hablar de los Beatles y Miles Davis,
volviste borracho por las calles de la Quebrada;
tu viejo te hizo los mejores asados del mundo;
cantaste la Marcha en la casa de gobierno;
y una noche le diste la mano a Charly García.
Decíme, ¿todavía querés más, Gustavito?
Bueno, entonces aguantá y no te quejes...viví.
Escuchame apenas un poquito, pelotudo:
leíste lo que quisiste, a los mejores;
viste el primer gol inolvidable de Nahuel,
hiciste mil veces la revolución en Epuyén
conociste a Ceci, a Flor, a Del;
te sonrió la más hermosa puta de Praga;
tenés un autógrafo trucho del Diego;
viste a Fellini, a Wenders, ¡a Favio!,
ni hablar de los Beatles y Miles Davis,
volviste borracho por las calles de la Quebrada;
tu viejo te hizo los mejores asados del mundo;
cantaste la Marcha en la casa de gobierno;
y una noche le diste la mano a Charly García.
Decíme, ¿todavía querés más, Gustavito?
Bueno, entonces aguantá y no te quejes...viví.
EXCRITURA DE ATAHUALPA O UN PEREGRINO
Mi destino, será.
En el adentro
y último:
el silencio de la guitarra
Ya perdido y lejos,
no sé
si apenitas soy piedra
en el camino.
Nunca llego
ni tampoco me voy;
ni siquiera
puedo soñar el río.
Mi destino, será.
En el adentro,
y último:
el silencio de la guitarra.
Mi destino, será.
En el adentro
y último:
el silencio de la guitarra
Ya perdido y lejos,
no sé
si apenitas soy piedra
en el camino.
Nunca llego
ni tampoco me voy;
ni siquiera
puedo soñar el río.
Mi destino, será.
En el adentro,
y último:
el silencio de la guitarra.
ROPERO DE LAS EXCRITURAS
Apenas el velador y la luz rota
y ese cansancio de otro cuerpo, sin sueños.
Para colmo, en el espejo
la burla de las viejas costillas mudas.
Así que antes que la rutina
quizás conviene esconderse en el ropero.
Ahí la realidad cuelga sin ganas
en las siluetas liberadas de las perchas.
Claro que no ve se casi nada,
¿pero no es un alivio olvidar las formas?
Solo hay que aguantar esa oscuridad
para que sea otra y demasiado tarde o lejos.
Después, con cuidado, abrir las puertas
y dejar salir solo a los zapatos, y que se jodan.
Apenas el velador y la luz rota
y ese cansancio de otro cuerpo, sin sueños.
Para colmo, en el espejo
la burla de las viejas costillas mudas.
Así que antes que la rutina
quizás conviene esconderse en el ropero.
Ahí la realidad cuelga sin ganas
en las siluetas liberadas de las perchas.
Claro que no ve se casi nada,
¿pero no es un alivio olvidar las formas?
Solo hay que aguantar esa oscuridad
para que sea otra y demasiado tarde o lejos.
Después, con cuidado, abrir las puertas
y dejar salir solo a los zapatos, y que se jodan.
domingo, 2 de octubre de 2016
sábado, 1 de octubre de 2016
EXCRITURA BAJO EL VOLCÁN
No hay remedio, solo en la penumbra de algún barcito,
perdido y casi infeliz,
es posible intentar una excritura de Malcom Lowry.
De todas maneras, es verdad que cualquier hospital,
cuando cayó el sol,
también puede ser el fondo brutal de Cuernavaca.
El volcán son esos gemidos rotos de cada noche,
la vieja sed que arde;
y cada desesperación apenas otro trago del Cónsul.
Tan solo son reales los temblores de las alucinaciones,
por eso su música preferida,
ahora, es el sonido sordo de las camillas en el pasillo.
Igual no hay que lamentarse, así fue y es esta vida:
al final se pierde, siempre;
pero la enfermera, ay, se olvida de escuchar sus latidos.
No hay remedio, solo en la penumbra de algún barcito,
perdido y casi infeliz,
es posible intentar una excritura de Malcom Lowry.
De todas maneras, es verdad que cualquier hospital,
cuando cayó el sol,
también puede ser el fondo brutal de Cuernavaca.
El volcán son esos gemidos rotos de cada noche,
la vieja sed que arde;
y cada desesperación apenas otro trago del Cónsul.
Tan solo son reales los temblores de las alucinaciones,
por eso su música preferida,
ahora, es el sonido sordo de las camillas en el pasillo.
Igual no hay que lamentarse, así fue y es esta vida:
al final se pierde, siempre;
pero la enfermera, ay, se olvida de escuchar sus latidos.
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