LAS NUBES DEL IDIOTA
Además de los pajaritos en las ramas,
al idiota lo fascinan la presencia de las nubes; ahí está,
ya hace más de una hora, sin moverse, y la mirada
perdida en esos algodones celestiales.
Por supuesto que no es extraño,
¿cómo no colgarse en esas blancuras si vive otro mundo?
Lo curioso son sus muecas, casi nerviosas,
como si tratara de imitar la levedad de sus formas.
Perversas, las excrituras se divierten
cuando oscurecen y cubren tenebrosas todo el cielo.
Da pena la cara babeante del idiota,
aunque al rato salta como loco para festejar a la lluvia.
martes, 2 de agosto de 2016
EXCRITURA DE CAMILO BLAJAQUIS
La luna llena en la lengua del penal.
Acá abajo todo muy raro,
los espejos desteñidos
me descuelgan seres que anuncian
la venganza del cordero.
Hundido en el sueño del lobo
con la mirada bloqueada,
grito a la reja de los parlantes:
¡en el mar flotan salvavidas pinchados!
Un viento poseído sale a cazar vidas.
La luna llena en la lengua del penal.
Acá abajo todo muy raro,
los espejos desteñidos
me descuelgan seres que anuncian
la venganza del cordero.
Hundido en el sueño del lobo
con la mirada bloqueada,
grito a la reja de los parlantes:
¡en el mar flotan salvavidas pinchados!
Un viento poseído sale a cazar vidas.
lunes, 1 de agosto de 2016
EXCRITURA DE UN ACRÓSTICO PARA VALLEJO
Están tan solitos los peruanos
Sin tu espuma,
Tu pan más triste, que pasa...
Ruegan y suplican
Un poema, otro
Entre tus huesos secos.
Ninguno acepta ese otoño
De París
O el dolor sin tu puro doler.
Madrecitas te sueñan
Un cielo más cercano, real,
De tierra
O de piedras en algún camino.
Están tan solitos los peruanos
Sin tu espuma,
Tu pan más triste, que pasa...
Ruegan y suplican
Un poema, otro
Entre tus huesos secos.
Ninguno acepta ese otoño
De París
O el dolor sin tu puro doler.
Madrecitas te sueñan
Un cielo más cercano, real,
De tierra
O de piedras en algún camino.
EXCRITURA DE SILVINA OCAMPO
La nena que fui todavía vibra en mí,
y sigo siendo una nena.
Hice las cosas que me prohibían,
a escondidas, me gustaba esconderme.
Por eso buscaba a los chicos pobres,
no era inútiles como mis primas,
tan impecables y no sabían robar nada.
Pero la gente siempre me ha perturbado,
nunca son sinceros los otros.
Así que no soy sociable, soy íntima.
Mi inteligencia me la da la sensibilidad.
Todavía, ¡qué suerte!, vibra en mí la nena.
La nena que fui todavía vibra en mí,
y sigo siendo una nena.
Hice las cosas que me prohibían,
a escondidas, me gustaba esconderme.
Por eso buscaba a los chicos pobres,
no era inútiles como mis primas,
tan impecables y no sabían robar nada.
Pero la gente siempre me ha perturbado,
nunca son sinceros los otros.
Así que no soy sociable, soy íntima.
Mi inteligencia me la da la sensibilidad.
Todavía, ¡qué suerte!, vibra en mí la nena.
EXCRITURA DE CÉSAR FERNÁNDEZ MORENO
No hay manera de decir el mar,
si ni siquiera es un hecho.
Quizás podría intentarse con un dibujo
innecesario, rebuscado, que sale
del cielo para abajo y viene
y, desde el horizonte, te rompe los ojos.
El mar es todo lo que no es
y su espuma triunfa sin fisuras.
Solo una sirena, llorando, podría...
pero igual no se lo puede decir.
Solo dejar que nos arrastre una y otra vez
cada vez más adentro, desconocido,
hasta ahogarse en el origen de la lengua.
No hay manera de decir el mar,
si ni siquiera es un hecho.
Quizás podría intentarse con un dibujo
innecesario, rebuscado, que sale
del cielo para abajo y viene
y, desde el horizonte, te rompe los ojos.
El mar es todo lo que no es
y su espuma triunfa sin fisuras.
Solo una sirena, llorando, podría...
pero igual no se lo puede decir.
Solo dejar que nos arrastre una y otra vez
cada vez más adentro, desconocido,
hasta ahogarse en el origen de la lengua.
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